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Los secretos de Córdoba (y el juego que los busca)

  • Autor: admin
  • Archivado en: Noticias
  • Fecha: jun 2,2009


Como una hurí terrenal, Córdoba oculta con velos sutiles tanto o más de lo que muestra. Sólo se conquistan sus rasgos profundos sucumbiendo a su juego de seducción. Las autoridades turísticas proponen a los visitantes la aventura de descubrir la ciudad de los califas de forma activa, amena y gratuita con “El juego de los secretos”.

Hace dos años que el Consorcio Turístico de Córdoba puso en marcha una aventura curiosa. Se trata de un juego, o concurso si se quiere; una especie de gimkana para quienes visitan la ciudad y aspiran a llegar unos centímetros más allá de los tópicos y lugares comunes, los cuales pueden tener el efecto de velar otros rasgos profundos. Lo llaman El juego de los secretos de Córdoba. Es fácil, entretenido y gratuito. Puede uno jugar un maratón de tres o cuatro horas, o participar en varias partidas. Porque el juego consiste en rellenar correctamente unos formularios en forma de test. El turista puede retirar esas fichas en cualquier punto de atención al visitante –en la estación del AVE, en la plaza de Tendillas o en la explanada del Alcázar–. Hay cien fichas, cada una de las cuales formula seis preguntas; cada pregunta va seguida de cuatro respuestas posibles. Las fichas son temáticas, es decir, se centran en un barrio o parcela del casco histórico, y generalmente algún personaje notable lo introduce en primera persona y da color al itinerario.

El visitante sólo tiene que seguir la ruta propuesta y abrir bien los ojos. Las preguntas que se formulan no tienen respuesta en las guías al uso porque hay que estar allí y comprobar qué hay a la izquierda de una estatua, qué pone en lo alto de un muro o se esconde detrás de una puerta. Los formularios están redactados en español o inglés. El turista, una vez completado el recorrido y marcado las respuestas, puede entregar la ficha en un punto de información. Si las respuestas son válidas (todo está informatizado), el visitante recibirá en el acto un diploma acreditativo de su victoria y un pequeño obsequio.

Si algunos piensan que esta táctica peca de infantil, tendrían que hacer caso a los resultados. Desde que el juego se puso en marcha, más de diez mil visitantes han participado y, según su propia valoración, el grado de satisfacción es alto. Satisface por dos cosas: porque exige una implicación activa en la exploración de la urbe, y porque el jugador obtiene la sensación de haber cosechado, en el cesto de ideas generales, algunos detalles o confidencias que implican una suerte de complicidad personal entre el foráneo y la ciudad.

Córdoba es una ciudad tan poliédrica, tan rica, que conviene digerirla a sorbos, tomándose algún respiro. Y eso es lo que brindan las fichas, por su enfoque temático. Lo mismo que las rutas oficiales que los responsables turísticos tienen diseñadas y proponen simultáneamente al juego de marras. Al igual que éste, las rutas temáticas tienen el apoyo de folletos explicativos y una buena logística en forma de paneles, indicaciones o personal entrenado (esta vez sí que hay que apencar con un discreto óbolo).

A diferencia del Juego de los secretos, estos enfoques temáticos se refieren a todo el territorio urbano, pero también desvelan detalles inesperados. Por ejemplo, la Ruta de la Córdoba de Séneca esboza un fresco general de la colonia fundada por el pretor Claudio Marcelo 165 años antes de que en ella naciera el filósofo Lucio Anneo Séneca, pero permite enterarse de que también el padre de éste, Séneca el Retórico, fue un historiador notable, y su sobrino Lucano, un poeta estoico exquisito que tuvo que seguir, por imperativo imperial, el mismo camino que su tío, o sea, cortarse las venas. Y aunque parezca raro a estas alturas, para muchos visitantes el Museo Arqueológico o la colección de mosaicos romanos del Alcázar, jalones de la ruta, son una especie de revelación, de hallazgo inesperado.

Algo similar ocurre con la ruta de las llamadas iglesias fernandinas; mejor dicho, las rutas, ya que son tres, dos de ellas a través de la Ajerquía o sector oriental, y una tercera en la Villa o antigua medina islámica. Un total de once templos, de un gótico rudo y balbuciente, resumen una etapa que los ciclos históricos más brillantes han dejado en injusta penumbra. Otra de las rutas más curiosas (y solicitadas) es el paseo nocturno que revive anécdotas y chismes a cargo de un par de comediantes que surgen de las sombras y dramatizan los episodios o leyendas que el guía va desgranando a la luz de las farolas. Desde luego, tanto el Juego de los secretos como las rutas temáticas cuentan con una bolsa geológica incombustible. La crónica de Córdoba ha marcado hitos en la historia general del Viejo Continente. Al brillo de su etapa romana siguió otro período menos aireado en que el obispo local, Osio, cocinó el primer Concilio ecuménico de la cristiandad. Y qué decir de la etapa musulmana, cuando la capital del califato occidental se convierte en puente entre Oriente y Occidente (legado bien reflejado en el museo interactivo de la Torre de la Calahorra); las figuras que se mueven en la entonces ciudad más avanzada de Europa son gigantes universales. Como algunos de los califas y jefes agarenos, como el filósofo Averroes, el sabio judío Maimónides, el poeta Ibn Hazam o el músico y estilista Ziryab, que nos enseñó a ser educados en la mesa. Por no hablar de la Córdoba cristiana, la flamenca, la taurina…

Córdoba, dispuesta siempre a seducir, a sorprender. Pero más durante un mes vernal que viene a ser, para la antigua capital del califato, una especie de ramadán pecador, o al menos exultante. Su tiempo fuerte por excelencia. Ni un solo día de mayo se libra de jolgorio. Empieza el mes con la excusa de las Cruces de Mayo, manera botánica y floral de acristianar la llegada de la primavera y sus ritos paganos –algo general a todo el orbe cristiano, pero que sólo ciertos lugares han perpetuado–. Las cruces acaban el día 3, y ya empieza el trajín de los patios, que más que un certamen es un rito, y la cuestión de los premios, mera excusa para el compadreo y el sano cotilleo (se abren patios que el resto del año permanecen vedados a los no inquilinos). A este concurso se ha sumado el de Rejas y balcones, durante las mismas fechas (del 6 al 17). El mismo día que finalizan estas justas vecinales empieza el Festival de Blues (del 17 al 21), un evento que sigue cobrando empuje y no se limita a los espacios cerrados (magníficos) del Gran Teatro y Teatro de la Ajerquía, sino que sale a algunas de las plazas más castizas, como la Corredera o el Potro. Se solapa en el calendario con lo anterior la Cata de Vinos (del 6 al 10). Y por fin, la semana grande (23 al 30), la gran Feria de Mayo que no disimula su empeño por obtener, de puertas afuera, el renombre de la Feria de Abril sevillana, a la que tanto se asemeja. Pero ésta de Córdoba es otra cosa. Y eso, como ocurre en el Juego de los secretos, sólo hay una forma de comprobarlo. A ver si averiguan cómo.

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