Viajemos a las islas Cies, donde habitan los dioses.
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- Fecha: May 22,2009
Muchas son las veces que podemos preguntarnos si los dioses existen en realidad. Si todo lo que nos rodea, ha sido creado por gusto y la sublime imaginación y poder, de seres superiores a los que llamamos dioses, pues no podrían recibir otro nombre.
Con libertad absoluta de la que el ser humano está dotado, para optar por el voluntario pensamiento, coexisten las creencias en determinadas circunstancias. Y esta es una de ellas, cuando cualquier ojo o cuerpo que pase por la ría de Vigo, piensa inmediatamente que es posible, que los dioses habiten en aquellos lares.
Al menos, es una explicación entendible, que tantísima belleza no se produzca así por así.
Sin embargo de los estudios geológicos que declaran otras razones más sensatas para su existencia, como su formación, que ocurre a finales del Terciario, cuando se produjeron los hundimientos de algunas partes de la costa, con lo que penetró el mar y se crearon las rías. Todas las islas atlánticas son las cumbres de las sierras costeras que quedaron parcialmente bajo el mar y están formadas casi en su totalidad por piedra granítica.
Pero aun así, no deja de ser un capricho que bien pudiera atribuirse a los dioses del universo.
Y hubo que declararlas Parque Natural en 1980, para protegerlas una vez más, contra el deterioro producido por la mano del hombre. Que en algunos casos, en lugar de hacer obras que perduran a través de los siglos, ciertas intrusiones masivas y sin control alguno, pueden dar al traste con el medio natural más precioso.
Y la respuesta a legislar su protección, nos brinda una sensacional flora y fauna, que contribuyen sin duda alguna a la belleza del entorno. En las dunas, playas y acantilados se mantienen especies, algunas de ellas endémicas del litoral galaico-portugués, propias de estos medios, con unas condiciones físicas y climatológicas muy extremas, en cuanto a su flora.
En el capítulo de la fauna, cabe destacar 22.000 parejas de gaviotas patiamarillas que constituyen la colonia más grande del mundo y es la especie dominante en Cíes.
Si nos atrevemos a subir hasta alguno de sus acantilados, se puede observar el halcón peregrino, el vencejo real, los cuervos…. Y en el interior de la isla la lista crece: el petirrojo, el chochín, mirlo, curruca, pinzón, pardillo, paloma torcaz, tórtola… que añaden el colorido pintoresco suficiente para un encanto muy particular.
La playa de Rodas, El lago de los niños, La campana … sus bosques, a un tiro de piedra de la mojada arena, o la transparencia exquisita de la playa de Nuestra Señora; subir al faro Do Peito en Monte Agudo, o al da Porta, que funciona con energía solar, pueden colmar al más envidiado paseo para contar a la vuelta, en el círculo habitual de cada visitante.
Anímense, y procúrense unos cuantos días de cielo y mar, en tan maravilloso entorno como las rías baixas, y en Vigo, concretamente, Las Cíes, que dicen los comentarios, que fueron creadas por los dioses.
Y que aún, al estar allí, se siente su poder y su hálito.
Feliz viaje.



























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