“Tierra soñada por mi…” GRANADA
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- Fecha: Dic 19,2008
La ciudad del Albayzín, la Alhambra, los Jardines del Generalife, belleza nazarí que inspira arabescos. Vericuetos, túneles, mazmorras, enormes y deformados eunucos guardando el serrallo. Velos hasta los ojos que no tapan la belleza, sino hacen que se agrande. Misterio en pupilas brillantes de mujer, que solo puede mostrar su hermosura en la mirada. Y siquiera sin levantarla.
Pero Granada se levanta, si. Se alza a los cielos para contarle al mundo lo grandioso de su historia.
Cuando hablamos de historia sabemos que existen sinónimos para no repetirse como el ajo. Sin embargo al utilizarlos, se hace muy difícil no dañar al contexto. Ya que, si usamos determinados vocablos, en no menos determinadas escrituras, corremos el riesgo de parecer embusteros. Además de ilusos, e incluso irrespetuosos.
Leyenda, es uno de estos equivalentes. Y esta palabra ya sabemos que significa historia, pero la historia no siempre es leyenda. Pues –por ejemplo- hablar de leyenda en Granada, sería un insulto a todas las historias de este planeta.
Pueden correr ríos de fábulas, cuentos, mitos, invenciones, que en nada se asemejan a la verdad. Cuando topamos con lugares de tanta estirpe, como Granada, la verdad, “veritas-veritatis” que se declinaría en Latín, es tan necesaria como obligatoria.
Por lo tanto no mentaremos “leyenda” al decir que Granada se pierde en el tiempo, cuando se investiga su origen. Los escritos que plasman detalles por los que se puede datar su antigüedad, se remontan a uno de los primeros pobladores de esta península: Los Iberos. Tórdulos, recibía de nombre esta tribu, que decidieron bautizarla Ihverir.
Más tarde los romanos -¿sabían que estuvieron por aquí?- la denominaron Iliberis y Florentia, en lengua ibérica o latina, respectivamente. Luego, emisiones numismáticas de medallas y monedas visigóticas, confunden la capitalidad de Ilíberis con una barriada fronteriza apodada Granata.
Un lío, que no lleva nada más que, a la ciudad del último reducto musulmán en la península Ibérica. Ciudad a la que el maestro Lara, mexicano ilustre él, compone la bella canción que suena en las tardes de sol, tal y como menciona su letra.
No solo suena esa música en Granada, que se acompaña de una historia de tanto peso, como plasma el cuadro de don Francisco Padilla Ortiz, ácido, tosco, y de poca gracia personal, y sin embargo electo pintor de la corte en mitad del siglo XIX. El rey moro Boabdil, hace sumisión de armas a Isabel y Fernando, tanto monta, monta tanto.
Hoy nos deja sus Jardines del Triunfo, con adelfas, acacias, cedros y boj, además de varias especies peculiares y distintas.
La Alhambra y el Generalife, como ejemplar trofeo de cuando cabalgaba el sarraceno por estas tierras. “El monumento más famoso islámico medieval es un conjunto de edificios construidos como acrópolis y ciudad de la corte nazarí. Casi intacto en sus elementos fundamentales y ambiente, posee palacios diferenciados y construcciones complementarias con variadas funciones. Dentro de sus torres paralelepípedas oculta exquisitas estancias y jardines.
Su nombre deriva del árabe Qal´at al Hamra, “la roja”, color de su colina, la Sabica, emblemático de la Corona nazarí. Domina Granada y se defiende de ella y del exterior. Símbolo de poder, la describió Torres Balbás como “enorme barco anclado entre la montaña y la llanura”, con fondo de Sierra Nevada.” cita una fuente.
Se podrían encontrar otras palabras pero no más adecuadas, y así lo transcribimos.
“Granada, tierra soñada por mí…mi cantar se vuelve gitano…cuando es para ti…mi cantar…hecho de fantasía…mi cantar…flor de melancolía… que yo te vengo a dar…”
Bella canción, bella Granada, bellas sus cuevas del Sacromonte, bella, muy bella, toda la historia de esta ciudad.



























Un Comentario en "“Tierra soñada por mi…” GRANADA"
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